Eufrosinia de Pocháev, gran devota del siglo XX (1916-1993), fue una perla del cristianismo auténtico: personificación del gran fervor, del fuego de metanoia y de la transfiguración interior. Dios ha glorificado a esta anciana como a ningún otro devoto del siglo pasado. Las reliquias intactas de la santa Eufrosinia exhalan fragancias y
derraman mirró.

   En sus reliquias, la anciana se revela desde los cielos regios a Juan de San Grial, de quien fue madre espiritual en sus días terrenales. Introduce por las puertas de la santidad y, como madre que ama infinitamente, cuida del crecimiento espiritual del nuevo sacerdocio melquisedequiano. Desde la eternidad, no interrumpe la
comunicación con su hijo y discípulo fiel, y a través de él se dirige a todos los que buscan sinceramente al Dios Bondadoso.

   Creemos que siguiendo las instrucciones de la madre, su excepcional práctica, muchas generaciones de futuros paladines espirituales conocerán la beatitud de los celícolas terrenales. A toda alma justa le interesa escuchar sus palabras maternales que, aunque rigurosas, hablan a lo más recóndito del corazón: “Escúchame, hijito, he venido a salvarte: ¡la Reina Celestial lo ha bendecido!”.

   La misma Sabiduría habla por la boca de la gran anciana Eufrosinia sobre lo recóndito, sobre la iniciación del ser interior, sobre la pureza de la mente y del corazón, sobre la fe viva y lo pernicioso del fariseísmo, sobre la belleza de la Cruz misteriosa de la vida.