María Magdalena en vida fue calumniada y perseguida, ha sido tergiversada durante siglos, su escuela borrada, su personaje deformado: prácticamente reducido a una mujer pecadora que fue redimida. En este Evangelio el lector podrá conocer la magnitud real de María Magdalena, quién fue, en qué consistió su enseñanza, cuál era su relación con Cristo… Este es el evangelio de la adoración.

   María Magdalena es adoración en estado puro y lo es porque es una con Cristo. No se puede comprender independientemente de Cristo. Igual que Cristo tampoco sin ella. María, viendo en Cristo la plenitud de la divinidad, le entregó todo su ser. Adorándolo se hizo portadora del amor ilimitado que Cristo traía a la Tierra y se convirtió no solo en su apóstol o discípula más cercana y fiel, sino, lo que es aún más importante, en su heredera. Por su unión pura Él se hizo Novia, de su mismo compuesto, y se divinizó. Y así se convirtió en ejemplo vivo de divinización a través de este gran amor que es la adoración. De este fenómeno se extrae que no se trata de una relación única, sino que este tipo de relación espiritual es extensible a cada persona. Cada alma puede convertirse en la novia de Cristo.

 

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   La adoración a la divinidad, al buen Padre, a la buena Madre, a Cristo, se convierte en adoración al prójimo. Y al mismo tiempo, adorando al prójimo, viendo en él solo el potencial divino, se multiplica su divinidad. Es un proceso aplicable a toda la humanidad.