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MIJAÍL STEPANENKO: ¡LA HUMANIDAD NECESITA PROFETAS MUSICALES!
¿Acaso no se pierde el alma en la música? En China, Japón, EEUU, Europa e incluso en Rusia, la interpretación musical se ha convertido hoy en día en un virtuosismo de robots, en un tecnicismo refinado. No piensan en el contenido espiritual.

HA LLEGADO LA HORA DE DEVOLVER LA MÚSICA AL ESPACIO DE LA ORACIÓN

Cuando a los teovidentes modernos se les revela la Madre Divina, a menudo suena una hermosísima música, cuya belleza es imposible transmitir con palabras. ¿Usted cree en la realidad de una revelación musical?

  La música es la existencia primaria. Al principio sonó la Música y luego se convirtió en Palabra. Pitágoras tenía el concepto de la ‘música de las esferas celestiales’ (el macrocosmos). Y ya desde las esferas celestiales llegó a la Tierra.
  ¿Usted sabe que el hombre que inventó los nombres de las notas -el italiano Guido d’Arezzo- usó las primeras sílabas de un himno espiritual? Do – DOminus (‘Señor’), Re – REsonare fibris (‘han empezado a resonar las fibras -las cuerdas del alma’), etc. ¡Las escalas surgieron del estado supremo del espíritu, de la oración! Esto ocurrió en el periodo de los siglos X-XI. Ahora ha llegado la hora de devolver la música al espacio de la oración.
  Mozart cuando escribía su música (como se sabe, se dedicaba a ello desde que tuvo 4 años), recibía una revelación. La melodía nacía dentro de él, pero al mismo tiempo era una música divina. ¡Mozart con su genio espiritual se oponía al farisaísmo romano!
  Mozart, Tchaikovskiy, Beethoven…. sobre ellos recayó la conexión con lo Inalcanzable. Entraron en esferas inaccesibles para otros músicos. En ello consiste la genialidad de su música. Y la comunicación con estas alturas ayuda a mirarse a sí mismo de forma adecuada, valorar con sobriedad el estado propio del corazón.
  Pasan las épocas, cambian los estilos musicales, dependiendo de la individualidad del compositor… Queda lo principal, la aspiración al ideal: a la Divinidad.

Por lo visto, la ausencia de aspiración a la Divinidad no permite percibir la música en una altura correspondiente. El alma se asemeja al cerdo bajo el roble de la famosa fábula de Iván Krylov. Un personaje mediático ruso -¡ante todo es un sacerdote!- hace poco declaró: ‘Mozart escribía cosas monótonas y pop’.

  El estado espiritual de la sociedad depende de los ideales que reinan en ella y de las imágenes que se presentan como deseables. En el ser humano, desde su nacimiento, están depositados enormes talentos que debe tratar de descubrir en plenitud. Pero la mayoría los reprime en sí, por ejemplo, al encender la tele.
  Los mass media actuales convierten a sus consumidores en badulaques. Les ensucian el cerebro con información inútil para poder atascar la mente, el alma, y convertir al ser humano en un tapón y al final de todo arrojarlo a una fosa de la cual no podrá salir sin ayuda ajena. Es siempre más fácil caer, no hay que esforzarse. Para levantarse hay que aplicar muchos esfuerzos.
  La música tiene una predestinación: ayuda a levantarse. Los grandes músicos, como por ejemplo Tchaikovskiy, hacían esfuerzos para hallarse en las esferas de la armonía, pureza, belleza. Es por eso que su música dirige a los oyentes hacia arriba por la escalera del perfeccionamiento, hacia las esferas de la armonía celestial.

ENSEÑAR MÚSICA, ENSEÑAR SOBRE EL ALMA

  Muchos hoy en día están preocupados por la autoperfección. Pero ellos comprenden este proceso de forma muy limitada: recibir educación secundaria, aprender un segundo instrumento, adelgazar o hacer músculos…. En el mejor de los casos, ‘hallar la armonía consigo mismo’. Autoperfeccionarse sin despegarse de la Tierra.
  El ser humano necesita la música de gente altamente ilustrada, ¡portadores de la esfera! Solo la música de los mensajeros de lo alto puede ayudar a sacar a las personas del abismo en el que se encuentran y dirigirlas a alturas inauditas, abrirles otro mundo, lleno de armonías celestiales.
  Y yo como pedagogo trato de entusiasmar a mis alumnos con un ideal y conseguir en ellos la misma altura de interpretación musical que fue depositada por el compositor.
  Hace falta interpretar a Beethoven y a otros compositores geniales conforme a lo que han escrito. En esto consiste el arte del intérprete. Ya el arte y el trabajo difícil del pedagogo radica en enseñar al alumno a interpretar la música del mismo modo que el autor la oyó originalmente, como la oyó Beethoven con su oído interior (siendo sordo a la interpretación mundana).
  El talento para la música lo tienen todos. Incluso si no hay talento para el arte de interpretación, lo hay para escuchar música. El ser humano a través de la música de los grandes iniciados se dirige a purísimas esferas celestiales, entonces no puede ser malo. Con él ocurre un modelado positivo, acumulación del polen esencial del bien.

A un estudiante es posible hacerle aprender a escribir fugas, a orquestar… Pero enseñar cómo alcanzar las alturas espirituales es una cosa totalmente diferente. No se trata de ‘enseñar música’ sino de ‘enseñar sobre el alma’

LAS GAMAS DEL AMOR

¿Acaso no se pierde el alma en la música? En China, Japón, EEUU, Europa e incluso en Rusia, la interpretación musical se ha convertido hoy en día en un virtuosismo de robots, en un tecnicismo refinado. No piensan en el contenido espiritual.

  La mayoría de los músicos se perfecciona en la interpretación para ganar dinero con su arte. Y solo algunos de ellos se dirigen a las alturas supracelestiales del espíritu. ¡Pero es necesario entusiasmar con estas alturas a cada generación!
  Todo empieza con amor. sin amor nada puede ser. El amor es un gran motor hacia lo alto. Otorga el anhelo por la perfección, la transformación, el anhelo por subir a otro escalón.
  El filósofo Vladimir Soloviov dijo: ‘Solo es fijo el sol del amor’. Los libros de Juan Amadeo pueden ser llamados revelación de amor. La música es llave hermosa para expresar amor. Penetra en la profundidad del alma y genera una gama entera de vibraciones cordiales. Un chico atraviesa la ciudad, escucha una música genial, copiada de los mundos superiores. Esta música llega a tocar sus cuerdas arquetípicas, así nace el amor en su corazón.
  En la escuela musical enseñan escalas simples, pero las del amor, las de la armonía no las enseñan.

Nuestro amigo Yevgueni Levasheov, catedrático del Conservatorio de Moscú, dijo un día: ‘Lo desafortunado de muchos maestros de la cultura consiste en que buscan cómo expresarse a sí mismos. Pero se exige lo contrario: rechazarse a sí mismo en nombre de lo Divino. Toda labor puede ser espiritual: desde una simple limpieza de excusados en el servicio militar hasta la composición de grandes sinfonías. Se ha de tratar todo como un beneficio que hacemos para nuestros prójimos’. Se puede llenar de amor cualquier trabajo, pero la música ayuda en eso como ninguna otra cosa.

La mayoría de las personas miran la vida como un interés (porcentaje de capital invertido): ‘si rezo, hallaré la vida eterna’… es una idea meramente pragmática. Solo se puede entrar en la vida eterna por la puerta del amor.
Cada ser humano recibe de Dios una tarea determinada, siempre al límite de lo difícil. Para realizarla se ha de superar a sí mismo. No se ha de hacer lo que es agradable para uno, sino lo que está destinado. Cualquier camino está vinculado con la superación. Si no hay obstáculos, el hombre se convierte en un vegetal, así sin nada, estará bien…

LA MÍSTICA DE LA UNIDAD

Es donde hacen falta los portadores de las esferas: los que han entrado en el mundo del amor supremo para poder despertar con su voz a los demás, estimularlos a la ascensión, no permitir a las personas encerrarse en su existencia ‘vegetativa’.

Yo diré categóricamente: ¡lo que no lleva amor en sí, no tiene sentido que exista! Los hombres necesitan amor. El amor es a la vez el medio y el fin.
La música de los grandes compositores forma el sentido del amor espiritual. Solo puede interpretarla de modo adecuado aquel que esté lleno de amor: quien lo vivió, filtró, apreció con su alma lo necesario de esta altura.
El filósofo famoso Sergéii Avérintsev habló del templo de Sofía, la Sabiduría divina. La Sabiduría, a mi gran pesar, no se da a todos. Pero se puede adoptar a través de la comunicación con los portadores de la Sabiduría.
Cerca de Mozart, Beethoven y Tchaikovskiy había personas que no sabían escribir música, pero eran partidarios de estos grandes compositores, tenían los mismos ideales. La comunicación con la gente espiritual deja una huella inolvidable en los comunicantes, se realiza el trasvase de uno a otro.
Cuando hay amor, se establece un parentesco místico: la mística de la unidad. Son términos tan altos que incluso yo tengo miedo de tocarlos. Lo inexpresable no se puede expresar con palabras. Como dijo el poeta F. Tiútchev, ‘el pensamiento proferido es mentira’.

¡LA RELIGIOSIDAD Y LA MÍSTICA SON DOS TÉRMINOS ANTÓNIMOS!

Juan Amadeo en sus diarios musicales ‘El piano como Orfeón’ dice muchas veces que la interpretación musical es inconcebible sin la práctica espiritual, sin hazañas de virginidad y de amor. El músico es un mensajero llamado un apóstol. Su altura interior debe corresponder a la altura de la obra interpretada.

Este concepto es cercano a mí. ¿Por qué respetamos, por ejemplo, a un eremita? Él se aleja del mundo para entrar en el mundo espiritual, para entender mejor su conexión con Dios, para entrar en un diálogo de confianza con Él. Pero esto está conjugado con el campo de la mística.
La mística es un fenómeno singular, vinculado con las propias esperanzas, abandonos, batallas, crisis espirituales…. Es imposible catalogarla en el rango de lo cotidiano. ¡La racionalidad excluye la mística!
Yo considero la religiosidad y la mística como términos antónimos, incompatibles. La religiosidad es una espiritualidad degenerada. Pero la mística es la consecuencia de la alta espiritualidad, siendo la espiritualidad directa conexión con Dios. La espiritualidad ayuda a liberarse de las cadenas de este mundo, es decir, a desapegarse de la tierra.
Se sabe que Heinrich Neuhaus confesó, cuando su edad era avanzada, que quería hacerse santo. Cada ser humano tiene que ser portador de altos ideales. Cuanto más bien haces a las personas, más se multiplica en ti mismo. Lo mismo sucede con el mal. ¡Por eso los músicos, los que hacen bajar la música de las esferas más altas y puras, son sobre todo vencedores del mal!

¡Y solo tras ser vencedores coronados, ayudan a vencer el mal a los que les escuchan!

La música genial educa, da un impulso poderoso al alma. La música interpretada por músicos de alta iniciación purifica al ser humano, haciéndolo más bondadoso, lo dirige a la espiritualidad, lo ayuda a abrir el corazón para la compasión, lo ayuda a sentir el dolor de otra persona como propio, lo ayuda a descubrir la hermosura interior y le regala anhelo de armonía en todo. La misma percepción del corazón, si el corazón es puro.
Nunca olvidaré la confesión de un famoso pianista de jazz. Recordaba cómo un día pasó por la calle cerca de una tienda de partituras y le impresionó la pequeña pieza de Beethoven ‘Para Elisa’ que sonó. Lo que oyó, le estremeció hasta lo más profundo del alma, giró su eje interior en otra dirección. Así empezó su admiración por Beethoven.
¡Beethoven con su música cautiva a las almas!
¡Es por eso que nos hacen tanta falta los candiles, ungidos, profetas musicales que ayuden al hombre a purificar el corazón de capas mentales, para que el corazón suene como una lira!

Entrevista preparada por Mariana Dúdina, Yekaterina Stepánova, Leonid Belov

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