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Sonata n.º 5

¡Tengo sed!

 

Normalmente la quinta sonata se interpreta al estilo trágico. Pero preguntémonos, “tengo sed”, ¿sed de qué?

– ¡TENGO SED DE VER QUE SE HA CUMPLIDO TODO PARA LO QUE HE LLEGADO ! ¡Anhelo que a través de mi cruz se cumplan todas mis esperanzas por la humanidad!

 Los fariseos dicen: pidió que le dieran a beber… Apenas es posible encontrar una interpretación más trivial. ¡Cristo no anhelaba beber, sino morir de amor! Sus palabras “¡Tengo sed!” eran una manera de ver el momento de la despedida para poder ver la finalidad de los sufrimientos del ungido. VER LA CRUZ EN LA PERSPECTIVA DE LA ETERNIDAD .

 ¡Es un clamor universal! Cada alma, cada uno de los presos terrenales pronuncia su propio “¡Tengo sed!” antes de la muerte.

 “Anhelo morir de amor . Amo más allá de los límites, tanto que ya no puedo más”.

 

 *

La música presenta miles de ventajas frente a la palabra. Comprenderlas desde la Tierra es imposible, ya que la Tierra está ligada al lenguaje verbal. Una de las ventajas indiscutibles de la música sobre la palabra es que PREPARA PARA LA ETERNIDAD. Al dejar el mundo, las almas enseguida se hallan en el espacio de la lengua intergaláctica. En los cielos no se habla ruso ni español ni hebreo… La lengua intergaláctica se transmite generalmente por vibraciones musicales.

¡¡¡Existen miles de dioses bondadosos, miles de mundos bondadosos!!!

Lo que tienen en común todos los seres vivos es que perciben las vibraciones musicales. El canto de los pájaros refleja aspectos de la lengua musical del Univérsum. ¡Todos los animales en la Tierra, del insecto a la serpiente, del león al elefante, escuchan música con su oído perforado!

 *

 La música de Haydn y Mozart está llena de consuelo y bondad sobrecelestial:

¡No te pongas triste! La muerte no cambia nada. Todo lo hermoso quedará.

¡La muerte es un modo de hacerse aún más cercano! El tiempo pasa, el espacio se disipa… Y yo en la eternidad me quedo contigo. ¡Queda la música! El hombre es un ser divino, más allá del tiempo y del espacio.

Este es el descubrimiento genial de Kant: el espacio y el tiempo no son categorías objetivas, sino formas subjetivas del intelecto. Son modelos por medio de los cuales el hombre contempla lo que le rodea. El tiempo se terminará, el espacio se disipará… Quedará solo el amor puro.

La música habla de esto. Es de lo que habló Cristo despidiéndose de la humanidad. La muerte no puede vencer al amor. Incluso si muere un ser querido, queda el recuerdo — — en las honduras de los castillos interiores.

 Los siete clamores en la cruz es música del Univérsum. Me abstraigo del contenido exterior del oratorio: está muerto y es irreal. Al corazón le concierne la situación en el presente .

 En mis bilocaciones me voy a Ucrania. Un matadero a sangre fría. Un calvario, un auto de fe para miles de almas inocentes…

Un chico joven. Infundiéndole miedo y bajo amenaza de cárcel, lo han seducido para ir a la guerra, lo han matado. Estaría bien que su nombre se guarde en la memoria… Las guerras de hoy son tales que ni siquiera quedan restos del cuerpo de la persona. Al explotar un proyectil Grad o Huracán, no queda más que polvo y cenizas… En los primeros minutos después de la muerte —¡los más terribles, los más pesados!— las almas necesitan consuelo, de otra manera no podrán soportar el horror que los ha alcanzado. Acabo de tocar para ellas.

El misterio de lo pasional: las beatitudes durante el sufrimiento y no después (al resucitar). Creemos que Cristo no fue crucificado ni resucitó . Desde la perspectiva de la Atlántida, los dioses son inmortales. Si un dios muere, es testimonio de su incapacidad. Entonces, cometió algo oscuro, transgredió los estatutos del Univérsum. Si Cristo es un dios que no causó mal a nadie, ¿para qué debe morir?

 Cristo no fue crucificado en el Gólgota (!). Subió al Gólgota espiritual más allá del Gólgota físico, de Jerusalén. También fue crucificada espiritualmente la Madre Divina en la Montaña del Ruiseñor.

Cada uno de los terrestres pasa su propio gólgota espiritual, preguntándose: “¿Para qué llegué al mundo? ¿Acaso mi existencia tiene un sentido supremo?”.

Los malvados vociferaban, queriendo tentar a Cristo: “¡Te damos la última oportunidad de probar que eres un mesías! No quisiste hacerlo cuando te gritaban ‘hosanna’. En lugar de entrar en Jerusalén sobre un caballo blanco y hacerte rey de Israel, cabalgaste sobre un asnillo. ¡Permitiste que te arrestaran, te sometieran a un interrogatorio humillante, te condenaran a muerte! ¡¿Qué clase de Mesías eres?! El Mesías debe tener fuerza, abatir con su espada a diestro y siniestro, castigando a los enemigos, resplandecer con la gloria de Israel. ¡Entonces sería elevado al trono!”.

¡Dar a Cristo “una última oportunidad”, ese era el objetivo verdadero de los rabinos que asistieron a la crucifixión!

¡Obra un milagro! ¡Danos una prueba de que eres distinto a los ladrones crucificados! Desciende de la Cruz y creeremos que eres un mesías. Si puedes descender de la Cruz, eso tapará todas tus derrotas y fracasos de falso mesías, ¡y te juraremos obediencia junto a todo el pueblo!”.

 Naturalmente, no le hubiera costado nada descender de la cruz y elevarse junto a la cruz. Podía obrar miles de milagros más…

Pero Cristo permaneció en la Cruz.

No se trata de una redención mítica judeocristiana. ¡ En la cruz, Cristo vivió la cumbre de las beatitudes !

 ¿Por qué Cristo no obró un milagro, no descendió de la Cruz? Si hubiera descendido, los fariseos habrían creído… Pero entonces no se hubiese cumplido el misterio de la Cruz: no se habría revelado el Aposento Nupcial.

El objetivo de Cristo no era complacer a los judíos ni hacerse un mesías hebreo, sino revelar algo inaudito: el templo venidero de la teohumanidad , la Casa del Ágape Nupcial, las alcobas de la unión del hombre y la Divinidad en uno.

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